Carteles de Rafal Olbinski
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viernes, 28 de marzo de 2014

de: La herida del ángel

Camino poco
A cada paso mío se derrama la copa
(Con una mano me sostengo el corazón
Con la otra mano limpio los labios de quien amo)
Camino lento para no perder de vista el fuego
Mi casa queda afuera
Si duermo, ¿quién dará un poco de agua a los varones luego?
Camino poco
A cada paso mío aletea ese animal
No conozco la altura de las flores
Quiero mantener los ojos abiertos mientras beso
Tengo miedo
Por eso camino lento
Me recubro bajo el cielo y lloro lento
Nadie sufre lento
Mi vida queda lejos
Por eso camino poco y amo mucho a los muertos
Tengo los ojos lejos
No quiero llegar
Camino poco

Patricia Guzmán

martes, 21 de febrero de 2012

El corazón

Cuarenta años han dejado nudos y sospechas
y un cielo turbio donde envejecen sin remedio
el sol, la dicha y las palabras.
Lo cruzan calles ahora sin olores ni mediodías;
a veces el esplendor de un nombre
se pudre como saliva o como flor.
Ausencias y desamores son raíces secas,
ya sin rabia ni belleza.
Ha hecho suyas algunas cosas muertas:
las risas, las caricias y las cenizas de una tarde
el sabor del domingo a los diez años,
ciertos versos celestinos y necesarios,
algunos cuerpos usados con ternura.
Allí el futuro está de sobra
como el polvo en los muebles de la casa
y sólo una certidumbre sobrevive:
el deseo incancelable de estar siempre en otra parte.
Una lluvia bogotana, leve y gris, cae sin parar.
Cementerio de sueños, pobre corazón,
nada inmortal lo habita.

María Mercedes Carranza

viernes, 27 de enero de 2012

Conversación con la piedra

Toco a la puerta de la piedra.
—Soy yo, déjame entrar.
Quiero meterme en ti,
mirar alrededor,
tomarte como si fueras aire.

—Vete —dice la piedra.
Estoy herméticamente cerrada.
Incluso hecha pedazos
estaremos herméticamente cerradas.
Aun pulverizadas
no admitiremos a nadie.

Toco a la puerta de la piedra.
—Soy yo, déjame entrar.
Vengo por curiosidad pura.
La vida es la única ocasión.
Quiero recorrer tu palacio
y luego visitar a la hoja y a la gota de agua.
Tengo poco tiempo para todo.
Mi mortalidad debería conmoverte.

—Soy de piedra —dice la piedra.
Imposible perturbar mi seriedad.
Vete de aquí.
No tengo músculos para la risa.

Toco a la puerta de la piedra.
—Soy yo, déjame entrar.
He escuchado que hay en ti grandes e inhabitadas salas,
hermosas en vano, nunca vistas,
sordas, sin el eco de los pasos de nadie.
Reconoce que tú misma poco sabes de ello.

—Grandes e inhabitadas salas —dice la piedra—
pero no hay lugar en ellas.
Hermosas, tal vez, pero no para el gusto
de tus pobres sentidos.
Puedes reconocerme, pero no me conocerás nunca.
Dirijo hacia ti toda mi superficie,
interiormente permanezco de espaldas.

Toco a la puerta de la piedra.
—Soy yo, déjame entrar.
No busco en ti refugio eterno.
No soy infeliz
ni carezco de techo.
Mi mundo merece el retorno.
Entraré y saldré con las manos vacías
Y como prueba de que estuve de verdad en ti
no presentaré mas que palabras
en las que nadie creerá.

—No entrarás —dice la piedra.
Te falta el sentido de la participación.
Ningún otro sentido sustituye al de ser parte.
Ni siquiera la vista omnividente
te servirá de nada sin el sentido de ser parte.
No entrarás, apenas tienes una idea vaga de ese sentido,
estará en germen en ti, tendrás su imagen.

Toco a la puerta de la piedra.
—Soy yo, déjame entrar.
No puedo esperar dos mil siglos
para estar bajo tu techo.

—Si no me crees —dice la piedra—
dirígete a la hoja y te dirá lo que yo.
A la gota de agua y te dirá lo que la hoja.
Pregúntale al final a un cabello de tu propia cabeza.
La risa me revienta, la risa, una risa enorme
con la que no sé reírme.

Toco a la puerta de la piedra.
—Soy yo, déjame entrar.

—No tengo puerta —dice la piedra.
 

Wislawa Szymborska

viernes, 14 de enero de 2011

Los trabajos y las noches

para reconocer en la sed mi emblema
para significar el único sueño
para no sustentarme nunca de nuevo en el amor

he sido toda ofrenda,
un puro errar
de loba en el bosque
en la noche de los cuerpos

para decir la palabra inocente

Alejandra Pizarnik
De "Los trabajos y las noches"

jueves, 23 de diciembre de 2010

Des-pedido

Es la última vez que conjuro tu nombre,
en este solsticio de invierno.
Dejas de ser ausencia,
deseo o esperanza.
Quedas reducido a noción en la memoria
ceniza esparcida
cicatriz.

Te encarcelo palabreado
Te ato, te fijo y te abandono en esta página
no para olvidarte sino para hacerte recuerdo,
decantarte
convertirte de ideal en testimonio.

Te expulso, te diferencio, te declaro
Te paro de pensamiento.
Te saco de mi lengua,
para desposeerte,
desconocerte.
Lleno mi frente, pecho y vientre
de mi silencio de ti.
Y delante de esta luna llena
me despojo.

Guardo aquí tu nombre mítico
a libro cerrado.
Arquetipo memorable pero ajeno
Te extravío.
Te hago impronunciable
incontable,
inocente.
Te puntualizo
polvo de grafito, tinta, byte.
Signo de un signo.

N. Pinillos

La Boda (fragmento)

Yo tenía un Esposo,
Pero no me había casado
Las bodas sólo se celebran    Cuando llega la muerte


A mí la enfermedad me obsequió unas alianzas
El cruce de alianzas debe oficiarse bajo el Ala Derecha/
                                                                                              del Ángel

 Las únicas flores permitidas son las Rosas Rojas que/
                          sujeta contra su pecho Santa Catalina de Siena


Llevo entre las manos Malabares Nardos Malvas Azahares
Un follaje de Azulejos Canarios Cristofué


Mis hermanas son las Damas del Cortejo
Mi Madre, la Madrina
(Mientras camino hacia el Altar, Paula la amable arroja/
dátiles y avellanas, augurando un matrimonio fructífero)


La Hermana que me sigue tiene un corazón que nada/
                                                                                      en agua dulce
–Es mi Santa– Es más Santa que la Negada de Lisieux
Ella me llevó al Hospital       Ella me sacó del Hospital
Ella me sanaba
Ella sanaba mi Herida
(Cuando entré al quirófano le pedí perdón al Ángel/
                                                   por haberlo tuteado)
(Cuando entré al quirófano imploré mirando al cielo:/
                                                Porque se cierre la Herida del Ángel
                                                Porque se cierre la Herida del Ángel)


Quizá era necesario que me abrieran la cabeza
Los Azulejos Canarios Cristofué necesitaban tomar aire
Los Azulejos Canarios Cristofué necesitaban asistir/
                                                                               al Banquete

 Mi Abuela sirvió manjares y Mi Hermana Mayor/
                                       encendió los Candelabros de Plata
Alrededor de esos Candeleros brillaba la escarcha/
                                                                que esparce la Rosa
Patricia Guzmán

viernes, 8 de octubre de 2010

Amor Feliz

Un amor feliz. ¿Es normal,
 serio, útil?
¿Qué saca el mundo de dos personas
que no ven el mundo?

Encumbrados hacia sí mismos sin mérito alguno,
dos al azar entre un millón, pero seguros
de que así tenía que ocurrir. ¿Como premio de qué? De nada;
la luz llega desde ninguna parte.
¿Por qué cae precisamente sobre ellos y no cae sobre otros?
¿Ofende eso a la justicia? Así es.
¿Viola principios cuidadosamente almacenados,
derriba de su cima a la moral? Viola y derriba.

Mirad que felices:
¡si disimularan aunque fuera un poco,
si fingieran aflicción para animar a los amigos!
Escuchad cómo ríen. Es insultante.
Qué lenguaje utilizan, aparentemente comprensible.
Y esas ceremonias suyas, esas celebraciones,
sus rebuscadas obligaciones de unos para con otros,
¡parece una conspiración a espaldas de la humanidad!

Resulta incluso difícil prever qué sucedería
si pudiera cundir su ejemplo
Qué podrían hacer religiones, poesías;
qué se recordaría, qué se abandonaría,
quién querría permanecer en el círculo.

Un amor feliz. ¿Es necesario?
El tacto y el sentido común nos obligan a callar al respecto
como si de un escándalo en las altas esferas de la Vida se tratara.

Espléndidos bebés nacen sin su ayuda.
Nunca podría poblar la tierra,
no es, que digamos, muy frecuente.

Que la gente que no conoce un amor feliz
afirme que no existe un amor feliz en ningún sitio.

Con esa fe les será más fácil vivir y también morir.

Wislawa Szimborska

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Minuto de lluvia

Quedo a la intemperie en este minuto de lluvia

hasta ser milenios extendido en su humedad.

Milenios de soledad son los que pesan en mi cuello,
en mi garganta que canta la partida de lo nuestro.

Este amor será luego tinta, carta en el éter de todo lo dicho,
un elefante olvidado por la tierra,
volando sin gravedad
                                               y angustiado por ello,
tan lleno de memoria que duele,
                                           sin el recorrido,
                                           sin el ancla de sus pasos.

Hoy me pesa la madera de mis valles,
noto los árboles caídos, y las flores;
las que viven aún,
                          están respirando el aliento que me queda.

No sé adonde se fueron mis ríos,
ni qué criatura salvaje asustó mi eco,
ése que solía volver a mi hombro
después de alzar vuelo y recorrer lo imprevisto.

Aquí estoy hurgando en la arcilla del planeta,
encontrando a ratos algunos de mis huesos,
a ratos, los fragmentos astillados de mi juicio.

Isabela Méndez
(De la serie de poemas de Nueva York – 2003)

jueves, 2 de septiembre de 2010

Amor sin genitivo

Donde quiera, como quiera
déjalo, que simplemente exista.

Destello eterno de luna:
ahora en alguna parte,
después aquí, donde sea…

Es certeza ondulante,
pasajero que traza
órbitas a mano alzada.

De súbito, un eclipse,
coincidencias,
siempre en atinadas distancias.

Es devenir constante
con constipados de apego estacionales.

No puede hacerse más,
aceptarlo, curar los constipados.

Nos trasciende,
porque existe.

Daniela Ruiz Puigbò
Junio 2005

domingo, 20 de junio de 2010

A la memoria de un difunto

¿Quién lo diría?
Te veo pasar con suavidad,
hablas, respiras
escribes
te acomodas y sin embargo,
no eres aquel a quien amé.

Aquel a quien amé ya no está, se fue,
partió en el último navío que salió de Ítaca
Sin retorno.
Aquel a quien amé recibe canciones melancólicas
como ofrenda funeraria.

Aquel a quien amé se llevó consigo
una parte mía que ha muerto con él
Esa parte en dónde éramos juntos
ahora sólo quedo yo, juntos.
Ya no moriré de la misma manera otra vez
ésta que queda, es la que miro en el espejo cada día
pero ya no aquella a quien perdí de vista
agitando su pañuelo en el puerto.

Después de la tristeza, el vacío,
el orificio en el pecho por la flecha arrancada.
Ya no te amo,
amo al Amor que te tuve,
y le rindo tributo solemne
con una corona de flores.
Ya no te espero
en esa impaciencia de asomarse al balcón.
No hay más reclamo, sólo silencio.
Soy libre del tormento del amor.
No purgo penas, ya nada debo.

Duele menos la pérdida que el anhelo incumplido
No tienes nada que ofrecerme,
he ahí mi ganancia y mi fruto:
el abrazo a la impermanencia,
la clausura de espacios siempre ausentes,
la visión del desengaño,
el amor sin ilusión de recompensa.
Tú,  me has procurado el desierto y la inhóspita noche
y  yo, al final, amorosamente, te he sobrevivido.

N. Pinillos

domingo, 13 de junio de 2010

Volver al Centro

Quiero volver a lo térreo.
A  cuando la rosa era  rosa y no signo lingüístico.
A la  tierra húmeda entre las manos
los pies sobre la hierba
y la mirada hacia  el lado oscuro de la luna.
Presagiar el olor a café de media tarde
y trazar un círculo de brujas.

Volver a lo mío.
Al cuerpo prestado, sin  anatomía.
al amante perdido, sin amor platónico.
al tiempo presente, en primera persona.
A cuando las viejas decían que iba a llover
y llovía.

Volver a lo simple.
Aceptar a  la gente y no a la idea de amar al prójimo.
Pintar y escribir como oficio subversivo.
A cuando no había tanta posibilidad de elegir y había de todo
y mi omnipotencia no era más que un estado inocente
libre de daños y lesiones, en una mañana soleada.
A cuando estar triste y callada no requería prozac.

Quiero volver al principio.
Al tiempo de muerte, los funerales y las flores.
A un momento para cada cosa, que es ese y no otro.
Al reloj de arena, la vela, la primavera que acaba.
Desenredar los hilos de las profundidades y las sombras.
Al comienzo que se esconde detrás de la ceniza.
Al barro, a lo blanco, a las manos vacías,
al centro de mi pecho.

N. Pinillos

sábado, 22 de mayo de 2010

Alter Ego

La familiaridad de tu rostro, no tu rostro
La proximidad de tu cuerpo, no tu cuerpo
La calidez de tu abrazo, no tus brazos
Hablarte de mí, el eco de mi voz en tus palabras
Mi mano encontrando la tuya
La memoria inmóvil de lo que  no soy
Mi reflejo en tus ojos al final de la jornada
Tener norte y mástil
El olvido de mi finitud y mi vacío
La idea de compañía, estando sola
Tu presencia mínima, no a ti
A mí, pensándome contigo,
eso es lo que extraño.

N. Pinillos

domingo, 9 de mayo de 2010

Sin título

Tanto se quedaron solos,
tanto sin una palabra,
en tal desamor, que merecen un milagro:
un rayo desde una nube alta, convertirse en piedra.
Dos millones de ejemplares de la mitología griega
y no hay salvación para ella ni tampoco para él.

Si cuando menos alguien estuviera de pie junto a la puerta,
si cualquier cosa apareciera, cuando menos un momento, y desapareciera:
algo triste, optimista, de donde sea, de ningún lado,
que provocara risa o miedo.

Pero no va pasar nada. Ninguna espontánea
improbabilidad. Como en un drama burgués
será una separación correcta hasta el final,
no honrada ni siquiera por un hoyo en el cielo.

En el fondo inconmovible de la pared,
deplorables el uno para el otro,
están de pie frente al espejo, en el que
no hay nada más que un consecuente reflejo.

Nada más que el reflejo de dos cuerpos.
La materia está todo el tiempo en guardia.
Qué larga, amplia y larga,
en la tierra, en el cielo y a los lados
cuida de los destinos innatos,
como si por un corzo inesperado en este cuarto
tuviera que desplomarse el Universo.

Wislawa Szymborska
De "Amor feliz y otros poemas"

martes, 20 de abril de 2010

Mapa de tinta

Este silencio naranja
que se desgaja

se vuelve tierra
y luego arcilla entre mis manos.

Este anhelo de ser casa
sol y árbol
que apenas llega a ser bosquejo.

Esta sombra que duerme en mi espalda
y que llamo cansancio.

Todo cabe en este mapa de tinta diminuto.


Isabela Méndez 
Tinta sobre papel teñido a mano
por: Isabela Méndez

domingo, 18 de abril de 2010

A mi corazón el domingo

Gracias te doy, corazón mío,
por no quejarte, por ir y venir
sin premios, sin halagos,
por diligencia innata.

Tienes setenta merecimientos por minuto.
Cada una de tus sístoles
es como empujar una barca
hacia alta mar
en un viaje alrededor del mundo.

Gracias te doy, corazón mío,
porque una y otra vez
me extraes del todo,
y sigo separada hasta en el sueño.

Cuidas de que no me sueñe al vuelo,
y hasta el extremo de un vuelo
para el que no se necesitan alas.

Gracias te doy, corazón mío,
por haberme despertado de nuevo,
y aunque es domingo,
día de descanso,
bajo mis costillas
continúa el movimiento de un día laboral.

Wislawa Szymborska
De "Mil alegrías -Un encanto-"
Versión de Gerardo Beltrán



Versión original:

Do serca w niedzielę

Dziękuję ci, serce moje,
że nie marudzisz, że się uwijasz
bez pochlebstw, bez nagrody,
z wrodzonej pilnosci.

Masz siedemdziesiąt zasług na minutę.
Każdy twój skurcz
jest jak zepchnięcie łodzi
na pełne morze
w podróż dookoła świata.

Dziękuję ci, serce moje,
że raz po raz
wyjmujesz mnie z całości
nawet we śnie osobną.

Dbasz, żebym nie prześniła się na wylot,
na wylot,
do którego skrzydeł nie potrzeba.

Dziękuję ci, serce moje,
że obudziłam się znowu
i chociaż jest niedziela,
dzień odpoczywania,
pod żebrami
trwa zwykły przedświąteczny ruch.

Wislawa Szymborska

martes, 13 de abril de 2010

El arte negro

Una mujer que escribe siente demasiado
¡esos trances y presagios!
como si bicis, niños e islas
no fueran suficiente; como si lutos, chismes
y vegetales no fueran suficiente.
Ella cree que puede prevenir a las estellas.
Una escritora es esencialmente una espía.
Querido amor, esa chica soy yo.

Un hombre que escribe sabe demasiado
¡qué hechizos y fetiches!
como si erecciones, congresos y productos
no fueran suficiente; como si máquinas, galeones
y guerras no fueran suficiente.
De muebles usados fabrica un árbol.
Un escritor es esencialmente un pillo
Querido amor, ese hombre eres tú.

Nunca amándonos a nosotros mismos,
odiando incluso nuestros zapatos y sombreros,
Nos amamos uno al otro, preciosos, preciosos.
Nuestras manos son puritanas y nobles.
Nuestros ojos están llenos de terribles confesiones.
Pero cuando nos unimos,
los niños quedan revueltos.
Hay demasiada comida y no queda nadie más
para ingerir toda esa extraña abundancia.
Anne Sexton

Nota: La traducción es hecha por mí, las que encontré publicadas por ahí me parecieron terribles, hice lo que pude.



Versión original:
The black art

A woman who writes feels too much,
those trances and portents!
As if cycles and children and islands
weren't enough; as if mourners and gossips
and vegetables were never enough.
She thinks she can warn the stars.
A writer is essentially a spy.
Dear love, I am that girl.

A man who writes knows too much,
such spells and fetiches!
As if erections and congresses and products
weren't enough; as if machines and galleons
and wars were never enough.
With used furniture he makes a tree.
A writer is essentially a crook.
Dear love, you are that man.

Never loving ourselves,
hating even our shoes and our hats,
we love each other, precious, precious.
Our hands are light blue and gentle.
Our eyes are full of terrible confessions.
But when we marry,
the children leave in disgust.
There is too much food and no one left over
to eat up all the weird abundance.
Anne Sexton

lunes, 12 de abril de 2010

Tejidos

A Natalí

Nadie sabrá de tu vigilia
bordando el tiempo de la espera
donde ya nada esperas mujer.

Nadie entenderá el continuo repliegue sobre ti misma
en el retorno de la aguja enhebrada
El círculo hendido que deja intuir
al trasluz del nylon
tu sexo profundo y misterioso
raja de carne viva
suturada por tus manos
sobre el silencio del tambor.

Herida primera que te devuelve
a ese amor que duele
cuando la aguja atraviesa la carne
y el hilo hilvana costuras
en la quietud del alma.
N. Pinillos

domingo, 11 de abril de 2010

Desbordamiento

Por tanta vida que llevo en la sangre
tiemblo
en el vasto invierno.

Y de pronto,
como por una fuente que se desata
en la estepa,
una herida que en el sueño
se reabre,

sin esperanza nacen pensamientos
en el castillo desierto de la noche.

Criatura de fábulas, por las mudas
habitaciones donde se consumen las lámparas
olvidadas,
transcurre leve una palabra blanca:
vuelan palomas sobre la azotea
como en un paisaje de mar.

Bondad, regresas a mí:

se deshace el invierno en el desbordamiento
de mi sangre más pura,
el llanto aún puede ser nombrado dulcemente perdón.
Antonia Pozzi

Versión original:

Sgorgo

Per troppa vita che ho nel sangue tremo, nel vasto inverno.

E all’improvviso,
come per una fonte che si scioglie
nella steppa,
una ferita che nel sonno
si riapre,

perdutamente nascono pensieri
nel deserto castello della notte.

Creatura di fiaba, per le mute
stanze, dove si struggono le lampade
dimenticate,
lieve trascorre una parola bianca:
si levano colombe sull’altana
come alla vista del mare.

Bontà, tu mi ritorni:
si stempera l’inverno nello sgorgo
del mio più puro sangue,
ancora il pianto ha dolcemente nome
perdono.
Antonia Pozzi

jueves, 8 de abril de 2010

Noche

Tal vez esta noche no es noche,
debe ser un sol horrendo, o
lo otro, o cualquier cosa.
¡Qué sé yo! Faltan palabras,
falta candor, falta poesía
cuando la sangre llora y llora!

¡Pudiera ser tan feliz esta noche!
Si sólo me fuera dado palpar
las sombras, oír pasos,
decir "buenas noches" a cualquiera
que pasease a su perro,
miraría la luna, dijera su
extraña lactescencia tropezaría
con piedras al azar, como se hace.

Pero hay algo que rompe la piel,
una ciega furia
que corre por mis venas.
¡Quiero salir! Cancerbero del alma.
¡Deja, déjame traspasar tu sonrisa!
¡Pudiera ser tan feliz esta noche!

Aún quedan ensueños rezagados.
¡Y tantos libros! ¡Y tantas luces
¡Y mis pocos años! ¿Por qué no?
La muerte está lejana. No me mira.
¡Tanta vida, Señor!
¿Para qué tanta vida?

De "La última inocencia" 
Alejandra Pizarnik

La morada vacía

Esta morada vacía
sin techo y sin ventanas
situada en ninguna parte
en la aridez
en lo escaso
en el pedir y saber que no hay.

Esta morada vacía
sin puertas y sin paredes
al otro lado de la noche
en la nostalgia perpetua
en lo que nace ya muerto.

Esta morada vacía
sin piso ni  fundaciones
liviana, volátil, desvanecida
sola en su abandono
ya no espera visitas
ya no cobija a los vivos
oye el eco del silencio
que le arroja su vacío.

N. Pinillos