Carteles de Rafal Olbinski

sábado, 30 de octubre de 2010

Lady Lazarus

Lo logré otra vez,
me las arreglo
Una vez cada diez años.

Especie de fantasmal milagro, mi piel
Brillante como una pantalla nazi,
mi diestro pie

Es un pisapapel,
Mi rostro un fino lienzo
Judío y sin rasgos.

Descascara la envoltura
Oh, mi enemigo,
¿Aterro acaso?

¿La nariz, las cuencas vacías, los dientes?
El apestoso aliento
Se desvanecerá en un día.

Pronto, muy pronto, la carne
Que la tumba devoró
Se sentirá bien en mí

Y yo una mujer que sonríe.
Tengo sólo treinta años.
Y como gato he de morir nueve veces.

Esta es la Número Tres.
Qué desperdicio
Eso de aniquilarse cada década.

Qué millón de filamentos.
La multitud mascando maní se agolpa
Para verlos.

Cómo me desenvuelven la mano, el pie
El gran desnudamiento.
Damas y caballeros.

Estas son mis manos
Mis rodillas.
Soy tal vez huesos y pellejo.

Sin embargo, soy la misma, idéntica mujer.
La primera vez que sucedió tenía diez.
Fue un accidente.

La segunda vez pretendí
Superarme y no regresar jamás.
Oscilé callada.

Como una concha marina.
Tenían que llamar y llamar
Recoger mis gusanos como perlas pegajosas

Morir
Es un arte, como cualquier otra cosa.
Yo lo hago excepcionalmente bien.

Lo hago para sentirme hasta las heces.
Lo ejecuto para sentirlo real.
Podemos decir que poseo el don.

Es bastante fácil hacerlo en una celda.
Muy fácil hacerlo y no perder las formas.
Es el mismo

Retorno teatral a pleno día
Al mismo lugar, mismo rostro, grito brutal
Y divertido:

'Milagro!'
Que me liquida.
Luego una carga a fondo

Para ojear mis cicatrices, y otra
Para escucharme el corazón
De verdad sigue latiendo.

Y hay otra y otra arremetida grande
Por una palabra, por tocar
O por un poquito de sangre

O por unos cabellos o por mi ropa.
Bien, bien, está bien HerrDoktor.
Bien. Herr Enemigo.

Yo soy vuestra obra maestra,
Su pieza de valor,
La bebe de oro puro

Que se disuelve con un chillido.
Me doy vuelta y ardo.
No creas que no valoro tu gran cuidado.

Ceniza, ceniza
Ustedes atizan, remueven.
Carne, hueso, nada queda

Una barra de jabón,
Una alianza de bodas.
Un empaste de oro.

Herr Dios, Herr Lucifer
Cuidado.
Cuidado.

Desde las cenizas me levanto
Con mi cabello rojo
Y devoro hombres como el aire.

Silvia Plath

Versión original:

Lady Lazarus

I have done it again.
One year in every ten
I manage it

A sort of walking miracle, my skin
Bright as a Nazi lampshade,
My right foot

A paperweight,
My featureless, fine
Jew linen.

Peel off the napkin
O my enemy.
Do I terrify?

The nose, the eye pits, the full set of teeth?
The sour breath
Will vanish in a day.

Soon, soon the flesh
The grave cave ate will be
At home on me

And I a smiling woman.
I am only thirty.
And like the cat I have nine times to die.

This is Number Three.
What a trash
To annihilate each decade.

What a million filaments.
The Peanut-crunching crowd
Shoves in to see

Them unwrap me hand in foot
The big strip tease.
Gentleman , ladies

These are my hands
My knees.
I may be skin and bone,

Nevertheless, I am the same, identical woman.
The first time it happened I was ten.
It was an accident.

The second time I meant
To last it out and not come back at all.
I rocked shut

As a seashell.
They had to call and call
And pick the worms off me like sticky pearls.

Dying
Is an art, like everything else.
I do it exceptionally well.

I do it so it feels like hell.
I do it so it feels real.
I guess you could say I've a call.

It's easy enough to do it in a cell.
It's easy enough to do it and stay put.
It's the theatrical

Comeback in broad day
To the same place, the same face, the same brute
Amused shout:

'A miracle!'
That knocks me out.
There is a charge

For the eyeing my scars, there is a charge
For the hearing of my heart
It really goes.

And there is a charge, a very large charge
For a word or a touch
Or a bit of blood

Or a piece of my hair on my clothes.
So, so, Herr Doktor.
So, Herr Enemy.

I am your opus,
I am your valuable,
The pure gold baby

That melts to a shriek.
I turn and burn.
Do not think I under estimate your great concern.

Ash, ash
You poke and stir.
Flesh, bone, there is nothing there

A cake of soap,
A wedding ring,
A gold filling.

Herr God, Herr Lucifer
Beware
Beware.

Out of the ash
I rise with my red hair
And I eat men like air.

Silvia Plath

jueves, 28 de octubre de 2010

Oración

No más amaneceres ni costumbres,
no más luz, no más oficios, no más instantes.
Solo tierra, tierra en los ojos,
entre la boca y los oídos;
tierra sobre los pechos aplastados;
tierra entre el vientre seco;
tierra apretada a la espalda;
a lo largo de las piernas entreabiertas, tierra;
tierra entre las manos ahí dejadas.
Tierra y olvido.

María Mercedes Carranza

viernes, 8 de octubre de 2010

Amor Feliz

Un amor feliz. ¿Es normal,
 serio, útil?
¿Qué saca el mundo de dos personas
que no ven el mundo?

Encumbrados hacia sí mismos sin mérito alguno,
dos al azar entre un millón, pero seguros
de que así tenía que ocurrir. ¿Como premio de qué? De nada;
la luz llega desde ninguna parte.
¿Por qué cae precisamente sobre ellos y no cae sobre otros?
¿Ofende eso a la justicia? Así es.
¿Viola principios cuidadosamente almacenados,
derriba de su cima a la moral? Viola y derriba.

Mirad que felices:
¡si disimularan aunque fuera un poco,
si fingieran aflicción para animar a los amigos!
Escuchad cómo ríen. Es insultante.
Qué lenguaje utilizan, aparentemente comprensible.
Y esas ceremonias suyas, esas celebraciones,
sus rebuscadas obligaciones de unos para con otros,
¡parece una conspiración a espaldas de la humanidad!

Resulta incluso difícil prever qué sucedería
si pudiera cundir su ejemplo
Qué podrían hacer religiones, poesías;
qué se recordaría, qué se abandonaría,
quién querría permanecer en el círculo.

Un amor feliz. ¿Es necesario?
El tacto y el sentido común nos obligan a callar al respecto
como si de un escándalo en las altas esferas de la Vida se tratara.

Espléndidos bebés nacen sin su ayuda.
Nunca podría poblar la tierra,
no es, que digamos, muy frecuente.

Que la gente que no conoce un amor feliz
afirme que no existe un amor feliz en ningún sitio.

Con esa fe les será más fácil vivir y también morir.

Wislawa Szimborska

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Minuto de lluvia

Quedo a la intemperie en este minuto de lluvia

hasta ser milenios extendido en su humedad.

Milenios de soledad son los que pesan en mi cuello,
en mi garganta que canta la partida de lo nuestro.

Este amor será luego tinta, carta en el éter de todo lo dicho,
un elefante olvidado por la tierra,
volando sin gravedad
                                               y angustiado por ello,
tan lleno de memoria que duele,
                                           sin el recorrido,
                                           sin el ancla de sus pasos.

Hoy me pesa la madera de mis valles,
noto los árboles caídos, y las flores;
las que viven aún,
                          están respirando el aliento que me queda.

No sé adonde se fueron mis ríos,
ni qué criatura salvaje asustó mi eco,
ése que solía volver a mi hombro
después de alzar vuelo y recorrer lo imprevisto.

Aquí estoy hurgando en la arcilla del planeta,
encontrando a ratos algunos de mis huesos,
a ratos, los fragmentos astillados de mi juicio.

Isabela Méndez
(De la serie de poemas de Nueva York – 2003)

jueves, 2 de septiembre de 2010

Amor sin genitivo

Donde quiera, como quiera
déjalo, que simplemente exista.

Destello eterno de luna:
ahora en alguna parte,
después aquí, donde sea…

Es certeza ondulante,
pasajero que traza
órbitas a mano alzada.

De súbito, un eclipse,
coincidencias,
siempre en atinadas distancias.

Es devenir constante
con constipados de apego estacionales.

No puede hacerse más,
aceptarlo, curar los constipados.

Nos trasciende,
porque existe.

Daniela Ruiz Puigbò
Junio 2005

domingo, 20 de junio de 2010

A la memoria de un difunto

¿Quién lo diría?
Te veo pasar con suavidad,
hablas, respiras
escribes
te acomodas y sin embargo,
no eres aquel a quien amé.

Aquel a quien amé ya no está, se fue,
partió en el último navío que salió de Ítaca
Sin retorno.
Aquel a quien amé recibe canciones melancólicas
como ofrenda funeraria.

Aquel a quien amé se llevó consigo
una parte mía que ha muerto con él
Esa parte en dónde éramos juntos
ahora sólo quedo yo, juntos.
Ya no moriré de la misma manera otra vez
ésta que queda, es la que miro en el espejo cada día
pero ya no aquella a quien perdí de vista
agitando su pañuelo en el puerto.

Después de la tristeza, el vacío,
el orificio en el pecho por la flecha arrancada.
Ya no te amo,
amo al Amor que te tuve,
y le rindo tributo solemne
con una corona de flores.
Ya no te espero
en esa impaciencia de asomarse al balcón.
No hay más reclamo, sólo silencio.
Soy libre del tormento del amor.
No purgo penas, ya nada debo.

Duele menos la pérdida que el anhelo incumplido
No tienes nada que ofrecerme,
he ahí mi ganancia y mi fruto:
el abrazo a la impermanencia,
la clausura de espacios siempre ausentes,
la visión del desengaño,
el amor sin ilusión de recompensa.
Tú,  me has procurado el desierto y la inhóspita noche
y  yo, al final, amorosamente, te he sobrevivido.

N. Pinillos

domingo, 13 de junio de 2010

Volver al Centro

Quiero volver a lo térreo.
A  cuando la rosa era  rosa y no signo lingüístico.
A la  tierra húmeda entre las manos
los pies sobre la hierba
y la mirada hacia  el lado oscuro de la luna.
Presagiar el olor a café de media tarde
y trazar un círculo de brujas.

Volver a lo mío.
Al cuerpo prestado, sin  anatomía.
al amante perdido, sin amor platónico.
al tiempo presente, en primera persona.
A cuando las viejas decían que iba a llover
y llovía.

Volver a lo simple.
Aceptar a  la gente y no a la idea de amar al prójimo.
Pintar y escribir como oficio subversivo.
A cuando no había tanta posibilidad de elegir y había de todo
y mi omnipotencia no era más que un estado inocente
libre de daños y lesiones, en una mañana soleada.
A cuando estar triste y callada no requería prozac.

Quiero volver al principio.
Al tiempo de muerte, los funerales y las flores.
A un momento para cada cosa, que es ese y no otro.
Al reloj de arena, la vela, la primavera que acaba.
Desenredar los hilos de las profundidades y las sombras.
Al comienzo que se esconde detrás de la ceniza.
Al barro, a lo blanco, a las manos vacías,
al centro de mi pecho.

N. Pinillos